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lunes, 1 de octubre de 2012

Octubre


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Inventario de cosas que se pueden hacer un domingo de lluvia y nubes: beber cerveza en el sofá, apuñalar retratos de tus exnovias -aquellas que te dejaron por los que iban al gimnasio- leer a Chéjov o a Pushkin, aprenderte la letra de aquella canción de Noel Gallagher que sonaba en el pub anteayer, hacerle el amor a tu novia -si tienes y a ella le apetece- y luego dormirte mientras ella te mece el cabello, cambiar la arena del gato, escuchar grupos indies americanos, aburrirte en el sofá viendo la historia mood de los 60 en Inglaterra, probarte ropa que te compró tu madre hace tres años y que rinde en el armario dormida y sin percha, pensar en cómo decir que le gustas a una chica que conoces de vista sin parecer un pringao, volver a fumar Chesterfield, ponerte a dibujar con acuarela negra sobre un folio o quedarte mirando como un imbécil el techo sin hacer nada....

Inventario de cosas -reales- que se pueden hacer un domingo de lluvia y nubes: beber cerveza en el sofá.

Y contar las hojas muertas que piden asilo en el balcón.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Cuatro hojas del calendario

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En el inicio de esta película, por allá de septiembre, no hay claquet ni león de la Metro que nos avise de que nos hemos de sentar.

Octubre es una road movie. Noviembre, más bien parece una película de serie B de los ochenta.

Diciembre parece una sombra oscura adueñándose de la calle, y en el barro los niños recrean vidas, sueños, ilusiones...

sábado, 1 de septiembre de 2012

Septiembre

Cada mañana voy a comprarme un cruasán de jamón y queso -el clásico, con miel, lo dejo para el invierno, cuando bajo en pijama a la fleca de la esquina- y veo de refilón al quiosquero de la plaza. Siempre llegadas a estas fechas se tira cerca de media hora colocando con mimo y agilidad un arsenal de cachivaches a la venta por fascículos. No conozco a nadie que no haya caído en la tentación de intentar completar alguna de esas colecciones.

Por otro lado, la papelería de en frente empieza a recibir cada vez a más padres y más niños en busca de gomas de borrar Milan, lápices de colores Alpino -o ceras Plastidecor en su defecto- aguzas y lápices de dibujo y escritura Staedler -bien los avispas, bien los azulones- y cinco o seis libretas de media por cabeza. También podemos sumar la compra de forro para libros, pegamento adhesivo en barra -Kores o iMedio- rotuladores Carioca, carpetas de Cristiano Ronaldo, Usain Bolt o cualquier otro ídolo y tippex para que los usuarios de ese material -no mayores de catorce años, a partir de esa edad con un boli Bic negro van que chutan-  experimenten el arte de gorronear exámenes a chorretones blancos.

Cada año tengo dos certezas: que todo es igual siempre y que ese olor a papelería poco a poco lo he ido perdiendo de mi pituitaria.

Volver a empezar una vez más...

lunes, 2 de abril de 2012

Abril


Abril llega acariciando de la mano a Marzo sin que apenas darnos cuenta. Solamente porque el sol pasea a menudo con fuerza y las nubes acarician los atardeceres dejando caer su lluvia -siempre bienvenida, en ocasiones desaprovechada- entre mejillas y chaquetas finas que poco a poco van asomando por las calles y envían al polillero los abrigos y bufandas.

A veces, solo a veces se despide la niebla sin decir nunca el día definitivo de su adiós. La incertidumbre de su vuelta nos transportará al largo estío y al ansiado otoño. 

miércoles, 21 de marzo de 2012

Cada año he matado a un ángel

Son las seis de la mañana. Abro los ojos como platos, enciendo la luz de la lámpara de la esquina y abro lentamente la ventana, cerrándola al momento tras ver unas gotas frías cayendo sobre mi frente. Miro la cama de nuevo. Bostezo. Me meto en ella, buscando a Dau y me pongo a escuchar las noticias de la radio. La radio; mi mejor amiga, mi despertador brusco. Mi vuelta a la realidad.

Pasan dos horas, me levanto. Dos besos a mamá y a papá. A cambio, veintidós tirones de orejas y caras amplias. Desayuno un café solo con azúcar y tiro para clase escuchando Bon Iver, uno de esos grupos raros que he descubierto gracias a Paula. Hace fresco. Hace mucho aire. Hay muchas nubes y justo diez metros antes de llegar al instituto llueve. Corro y un coro de palmas y voces me dan la bienvenida. Sonrío y me dirijo a mi asiento... el día promete. Por partes:

Los regalos
De libros va la cosa. Al final, dos -hasta nueva orden- que aparecen. Noelia me entrega un paquetito en nombre de los compañeros de la clase, dentro está No confíes en nadie, de S.J. Watson. Inglés de  Midlands. Me cae bien. Veo la foto de la contraportada del autor, su calvicie y su cara huevona me hace simpática su estampa. Promete. Besos, abrazos y mi particular regalo. Siempre me gusta tener un as en la manga... por la tarde, una gran sorpresa. Recibo un libro secuestrado. Un libro que no se vende en librerías, que ha sido denuncia por plagio, maltratado y ahora podría decirse que, en parte, maldito: El hacedor (de Borges), Remake, de Agustín Fernández Mallo, por parte de Silvia. Ilusión y sonrisas, abrazos con el sonido en las mentes de apuntes. Cuando llego a casa lo hojeo mientras me hago un café con la cafetera antigua... me recuerda tanto a Plasencia su olor al hervir. Apunto un nombre en un post-it: David Foster Wallace.

Día internacional de la poesía
Hay dos recitales, pero no me da la gana ir a ninguno. Ayer estuve fuera todo el santo día y me pesan las piernas. La humedad tampoco ayuda y prefiero quedarme en casa retocando un par de poemas que no salen, que no cierran, que no cuadran. Y estudiando. Pruebo con dos traducciones de poemas en portugués, y tampoco sale nada. ¿Día de la poesía? me desanimo. Me acuerdo de Ángel, de José María, de Elías, de Aníbal... pero joder, sobretodo de Ángel y en lo puta que es la vida. Creo que se me humedecen un poco y todo los ojos. A los dos primeros les conozco y respeto muchísimo. Al tercero admiro y al último lo estoy descubriendo. Durante minutos quedo callado y solo escucho las gotas de lluvia caer en el patio de casa. Eso sí que es poesía del silencio. Busco libros y encuentro a Luis Felipe, a los Valverde... sin quererlo, hago un ejercicio de poesía desarraigada: nombres extremeños hechos de arcilla, algunos de ellos azotados por el fresco helmántico. Sueño, que no es poco y sonrío al ver lo que tengo en las baldas de madera. Soy un afortunado

Cerezo en flor
Nunca he subido al cerezo en flor a Plasencia, pero es el árbol que más me gusta junto al olivo. Lo veo frágil y cual japonés, cuando los distingo en el monte los observo en silencio, acariciando sus hojitas. Pienso que en cada una de ellas podría escribir un haiku. Pienso tantas cosas que cuando decido que hacer, la flor muta al rojo fruto que refresca muchas tardes de mi verano.

Postdatas
Paula me llama, pero por culpa del destino no se lo puedo coger. Hoy hace el día más británico que recuerdo en meses en Tarragona. Por una vez creo que la magia del azar y en sus combinaciones. Ahora solo queda esperar el resultado el próximo año.

jueves, 1 de marzo de 2012

Marzo


En mi Plasencia, en su Valle del Jerte, el cerezo en flor. Ver cascadas blancas por las laderas desembocando en un río débil pero consciente.

Marzo es importante por tres cosas: empieza la primavera, se celebra el día internacional de la poesía y porque cumpliré veintidós años. Tales eventos se celebran el mismo día. Todo un lujo.

domingo, 26 de febrero de 2012

Baño al sol


Dramatizar, en el sentido y significado exacto que transmiten los rayos del sol a las doce y media de un quince de agosto de un año bisiesto. De forma constante y aguda.

Disimular pese a todo. Huir del mar en la playa. Aunque a caso seamos solamente un prisionero del calor y del agua salada; en el fondo todo se mantendrá.

Me cuesta entender el verano porque no es una estación: es una parada transitoria.

Foto: Silsis

martes, 3 de enero de 2012

Sobre enero


Enero mantiene la oscuridad de los meses precedentes, pero deja entrever un hilo de esperanza en su final. Algunos pájaros vuelven y aparece la lluvia que tenía olvidada al campo y también a la ciudad.

Enero es la puerta de entrada de los años nuevos y sus nuevos propósitos, aunque siempre acaben caducando esas buenas intenciones. Con el frío poca gente puede conseguir aquello que desea. El frío también hiela, y auqnue el calor nos consiga ahogar, conseguir lo que deseas con buen tiempo siempre te cambia la cara.

Quizá no es mi caso. Yo me siento cómodo así, con frío, pese a que a veces parezca que vaya desnudo por la vida, sin nada que ofrecer al tiempo a cambio.