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jueves, 30 de agosto de 2012

De faroles y de la dimensión de la tierra

Para daros una idea de las dimensiones de la Tierra os diré que antes de la invención de la electricidad se debía mantener, en el conjunto de seis continentes, un verdadero ejército de cuatrocientos sesenta y dos mil quinientos doce faroles.

Vistos desde lejos hacían un efecto espléndido. Los movimientos de este ejército estaban organizados como los de un ballet de ópera. Primero era el turno de los faroleros de Nueva Zelanda y de Australia. Una vez alumbradas sus lamparillas, se iban a dormir. Entonces entraban en el turno de la danza los faroleros de China y de Siberia. Luego, también se escabullían entre los bastidores. Entonces era el turno de los faroleros de Rusia y de las Indias. Luego los de África y Europa. Luego los de América del Sur. Luego los de América del Norte. Y nunca se equivocaban en el orden de entrada en escena. Era grandioso.

Solamente el farolero del único farol del Polo Norte y su colega del único farol del Polo Sur llevaban una vida ociosa e indiferente: trabajaban dos veces al año.

Antoine de Saint-Exupéry
El Principito  (1946)

sábado, 18 de agosto de 2012

Corto viaje sentimental

Releo con avidez un libro que lleva dos años en la estantería sin hablarme. Para mí, hablar de Italo Svevo -pseudónimo de Ettore Schmitz- es hablar para mí de Corto viaje sentimental, una novela corta de viajes que por similitud está a caballo entre el descubrimiento del mundo residente alrededor del señor Aghios -hombre de negocios, padre de familia y sesentón encallado- desde el compartimento del tren que le lleva a Trieste. En ese viaje no solamente descubre el mundo solitario y vitalista de un joven enamorado o el sacrificado devenir de un matrimonio campesino, sino que empieza una introspección en sí mismo, un descubrimiento de la persona sesentona que a primera vista reina por sus dudas y nervios -¿similitud con el Pereira de Tabucchi?- en busca de mantener un equilibrio que le permita dominar cualquier situación.

Bajo esa mira duitativa del mundo se esconde la inocencia del primerizo, un hombre cargado de prejuicios y amante de los detalles más que de la realidad en sí pero que ante los demás muestra una franqueza y serenidad que no es más que una máscara para no reflejar su debilidad. El libro, de edición de bolsillo se lee con facilidad, excepto por los detalles que presenta Svevo; que provocan que la lectura a veces se cargue de descripciones y reflexiones que pueden entorpecer la lectura.